Meditaciones

Gratitud

 

– Desde niño, Alberto Durero quería pintar. Finalmente dejó su hogar para estudiar con un gran artista. Conoció un amigo que tenía el mismo deseo que él y terminaron como compañeros de cuarto. Como los dos eran pobres, se les hacía difícil ganarse la vida y estudiar a la vez. El amigo de Alberto se ofreció a trabajar, para que Alberto pudiera estudiar. Cuando comenzaran a venderse los cuadros, le llegaría a él su oportunidad. Aunque no fue fácil convencer a Alberto por fin se pusieron de acuerdo. El pintaba sin cesar, mientras su amigo trabajaba largas horas para ganar el sustento.
Llegó el día en que Alberto vendió su primera escultura en madera, y su amigo regresó a sus pinturas. Pero al hacerlo se dio cuenta de que se le habían endurecido las manos y los dedos con el trabajo, y que ya no podía pintar con habilidad. Al enterarse Alberto de lo que le había sucedido a su amigo, sintió gran pesar. Cierta vez, al regresar sin avisar a la casa, escuchó la voz de su amigo y vio que sus manos nudosas y estropeadas por el trabajo estaban juntas en oración.
“Le puedo mostrar al mundo cuánto lo aprecio pintando sus manos tal como las veo en este momento, juntas en oración”. Fue ese el pensamiento que inspiró a Durero cuando se dio cuenta de que jamás podría devolverle a su amigo la destreza que habían perdido sus manos.
La gratitud de Durero quedó captada en la magnifica pintura que se volvió mundialmente famosa. Y nosotros nos beneficiamos tanto de la belleza de dicho cuadro como de una bella historia de gratitud y fraternidad.

– Con los únicos con los que deberías tratar de desquitarte es con los que te han ayudado.

– El Dr. William Stidger se sentó a escribirle a su maestra de primaria una carta de agradecimiento por todo el ánimo que le había dado treinta años atrás, cuando había estado en su clase. A la semana siguiente recibió la respuesta, escrita por una mano temblorosa. La carta decía:
“Mi querido Willie: Quiero que sepas lo que significó tu nota para mí. Soy una anciana de ochenta años, y vivo sola en una pequeña habitación; me hago mis comidas, y me siento muy sola e insignificante ahora que mi vida llega a su fin. Tal vez te interese saber, Willie, que di clase en la escuela durante cincuenta años y en todo ese tiempo, la tuya es la primera carta de gratitud que he recibido. Me llegó una mañana triste y fría, y trajo a mi corazón solitario una alegría que ninguna otra cosa me había dado en muchos años”.

– No es correcto contar nuestras mano derecha las cosas buenas que tenemos y nuestros problemas con una calculadora.

– Nuestra actitud preferida debería ser la gratitud.

– El que no aprende el idioma de la gratitud no podrá dialogar con la felicidad.

– Si no estás agradecido por las cosas que te suceden, por lo menos agradece por las que no te suceden.

– A Cristo le gusta tanto habitar en un corazón triste como a nosotros en una casa oscura.

– Hay gente que se pasa la vida haciendo cola en la sección de quejas y reclamaciones.

– Esos viejos gruñones que se pasan la vida quejándose que las cosas ya no son como antes, se les olvida incluirse a ellos mismos.

– No pidas lluvia si luego te vas a quejar del barro.

– Hay ciertos regalos que no son verdaderamente nuestros hasta que no le damos las gracias al que nos lo dio.

– No hay deber más importante que el de dar las gracias.

– Es mejor ser calvo que no tener cabeza.

– Quien no se siente agradecido con las cosas buenas que tiene, tampoco se sentiria satisfecho con las cosas que desearía tener.

– Fábula de Esopo: Obligada por la sed, una hormiga bajó a un manantial, y arrastrada por la corriente, estaba a punto de ahogarse. Viéndola en esta emergencia una paloma, desprendió de un árbol una ramita y la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga salvándola. Mientras tanto un cazador de pájaros se adelantó con su arma preparada para cazar a la paloma. Le vió la hormiga y le picó en el talón, haciendo soltar al cazador su arma. Aprovechó el momento la paloma para alzar el vuelo. Siempre corresponde en la mejor forma a los favores que recibas. Debemos ser siempre  agradecidos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*