Aragonès, català i occità

 

Aragonés, occitano y catalán

Orígenes y futuros comunes e inciertos

Pau Ortega i Calaf

En la alta edad media se usaba el latín para redactar los documentos oficiales y eclesiásticos, pero la lengua común del pueblo, desde el sur de los pirineos orientales a Lombardía, era lo que, prescindiendo de matices, dialectos y sinónimos, se puede considerar con el nombre genérico de occitano. Era algo diferenciado del occitano hablado en el litoral atlántico y aquitano, diferencia que se acentuó con la llegada de las tropas de Carlomagno, que en la vertiente mediterránea, a diferencia de la vasca, eran principalmente lombardas. Muchos de los soldados al asentarse en la Marca Hispana oriental (Aragón y Catalunya) reforzaron la unidad lingüística con Occitania y Lombardía, ya fortalecida por el constante tráfico por el eje comercial mediterráneo; potenciado por la exquisitez cordobesa al sur y en el otro extremo el creciente poderío otorgado por Carlomagno a Roma. Existían fuertes lazos familiares entre los habitantes de los lados de los Pirineos, tanto entre aristócratas, burgueses, como entre las familias de pastores trashumantes transpirenaicos. También destaca la presencia balanceada e inicialmente pacífica, en todo el territorio, de dos grupos cristianos opuestos: romanistas y valdenses. La actividad, a veces predominante, de la herejía albigense en estas tierras fortaleció el uso de la lengua, a la que se tradujeron por primera vez la Biblia y no pocos libros patrísticos, además produjeron nuevos tratados de teología (valdenses).

– Distribución geográfica de los dialectos occitanos en el s. XIV

occitan Mapa lingüístico del occitano medieval. Refleja la huella cátara en su emigración durante las cuatro décadas de invasión cruzada, y a lo largo de varias generaciones de persecuciones. Por el interior, organizaron el éxodo los condes de Foix, a través de Andorra a Lleida, donde Jaume I les concedió tierras, y a ellos mismos y a otros que siguieron viniendo les dio después posesiones en la conquistada Valencia. El catalán actual que se habla en Lleida es casi idéntico al de Valencia, diferenciándose del catalán oriental de Barcelona a pesar de su cercanía. Pero a las islas Baleares no llegaron tanto como refugiados, sino como familiares de la soldadesca a las que se les dio tierras por derecho de conquista. Se asentaron cátaros de Montpellier y Perpinyà, dejando influencia provenzal en las islas. Posteriormente se marcaría la linea diferencial entre catalán y occitano, dejando en Catalunya sólo la Vall d’Aran de habla occitana proveniente del Gascón.

El enriquecimiento se lo dieron los trovadores (que viene del occ. trobar, encontrarse, reunirse) al componer exclusivamente en esta lengua, siendo muchos o quizá la mayoría, nacidos al sur de los Pirineos, pero no por eso se sentían extranjeros en cortes occitanas tan lejanas como las de Aquitania. Durante la larga cruzada albigenses, los miles de occitanos exiliados en Andorra, Lleida, Valencia y las islas Baleares mantuvieron tal unidad lingüística que aunque hoy en día se diferencia claramente el occitano del catalán, no es muy difícil de entenderse mutuamente, incluso las diferencias entre el catalán occidental y el oriental es una herencia directa de los dos principales tipos de acentos occitanos medievales de esa zona, el mediterráneo y el del interior. Durante varios siglos se mantuvo un extraño equilibrio entre albigenses y romanistas, siendo algunos infiltrados o polivalentes, difícil de decir si eran curas con ideas cátaras o cátaros con formas católicas. El espíritu de tolerancia, matizado por la gran presencia de judíos entre ellos, duró hasta la aparición de elementos extranjeros, en especial castellanos y francos. Durante siglos se había seguido en Catalunya y en el norte de África, de donde vinieron los primeros misioneros cristianos, el llamado ritual de Milán. Pero cuando el obispo de Roma intentó centralizar su autoridad, y ser obispo de obispos, se decantaron las parroquias católicas occitanas hacia Roma y poco a poco adoptaron el ritual romano y todas las nuevas doctrinas que introdujeron. Como el purgatorio, bautizo de niños, celibato, etc. En Roma habían gobernado varios papas arrianos, algo difícil de perdonar para los habitantes del único bastión trinitario de la cristiandad: el eje territorial entre Milán y Tarragona. También compartían un ideario político común, la democracia, los derechos de la mujer y una tenaz resistencia al feudalismo. Herederos directos del sistema democrático de la república romana, a la que Catalunya, Lombardia y Occitania habían pertenecido antes del imperio romano, que ahora resucitaba con la simbiosis del emperador y el papa, al coronar a Carlomagno como emperador en Roma, como signo de restauración del Imperium Romanorum Occidentalium. Aunque 10 siglos después, Napoleón cumplió momentáneamente el sueño francés de recuperar Catalunya para Francia, por derechos feudales, la conexión lingüística nunca fue con los francos, sino con los occitanos y lombardos, y no lo sería con los castellanos hasta el s. XVIII.

Les Arabes, qui ne restèrent qu’un siècle à Barcelone, n’eurent pas le temps de t’altérer beaucoup et quand les Français, après avoir chassé les Maures de cette partie de l’Espagne, y fondèrent le comté de Barcelone, ils y trouvèrent à peu près la langue qu’ils parlaient eux mêmes. (Joseph Lavallée, L’univers, en tomo Espagne. 1844-47)

(Los árabes, que no se quedaron sino un siglo en Barcelona, no tuvieron tiempo de alterar mucho y cuando los franceses, después de haber echado a los moros de esta parte de España fundaron el condado de Barcelona, encontraron allí más o menos la lengua que hablaban ellos mismos). 

J. Lavallée, gran historiador francés, pero como todos, barre para adentro y omite decir que esa no era la lengua d’oil (oil = si, en francés arcaico, que evolucionó a oui) sino la lengua d’oc (oc = si, en occitano y catalán, aun en uso hoy en ambas lenguas). La lengua común, no se diferenció durante muchos siglos, especialmente con la provenzal. No fue hasta finales de la edad media que el occitano empezó a diferenciarse marcadamente del catalán. Lenguas perseguidas desde su mismo nacimiento, casi abortadas antes de nacer. La paranoica quema de Biblias en occitano, traducidas por un catalán (o al menos uno de los traductores lo era, por la presencia de palabras occitanas exclusivas de la vertiente sur pirenaica) no se daba porque tuvieran alteraciones hechas por los cátaros (la he repasado meticulosamente y no contiene tergiversaciones, es más fiel a los originales que muchas de las que se publican hoy en día), sino específicamente porqué está en catalán (léase, occitano con modismos del sur de los Pirineos). El edicto de Tolosa (Toulouse) del año 1229  prohibió a la gente seguir leyendo en sus reuniones caseras la Biblia traducida al occitano o catalán medieval.

Prohibimos así mismo que se permita a los laicos tener los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento… que no tengan los libros mencionados traducidos al romance… y destruir por completo sus casas y refugios, persiguiéndoles hasta en los bosques y castigando severamente a todo aquel que les diera asilo.

Sentencia que se repitió en el concilio de Tarragona de 1234, presidido por Guillem de Mongrí que ordenó destruir todas esas Biblias en catalán:

…ne aliquis libros veteris et novis testamenti in romancio habeas. (Cuom humana fragilitas)

Aunque poco caso se le haría pues ya en 1197 Pere II de Aragón había ordenado un edicto por el cual los valdenses y el resto de los cismáticos fueron expulsados de sus territorios:

Quienquiera de esta secta que todavía fuera encontrada en su reino o en su condado después del Domingo de las Palmas del año siguiente deberá sufrir la muerte por el fuego, y también incautación de sus posesiones.

Homiles d’Organya

C054

Incluso la joya de la corona de la literatura catalana, las Homilies d’Organyà del s. XII, de inspiración provenzal y llenas de rasgos cátaros, cita de la Biblia cátara, o el autor mismo traduce de una versión de la Vulgata denominada la catalano-llenguadociana, que es la versión de la Vulgata que circulaba en Catalunya y que fue la base de la traducción de la Biblia cátara cotejada con originales griegos del Textus Receptus.

¿Y el aragonés? Una lengua que ya sólo la hablan unas 25.000 personas en los pueblos al norte de Huesca (Osca). Se puede trazar a la baja edad media, cuando no era apenas diferenciada del resto de las hablas occitanas de modo que lo que se hablaba en Osca (Huesca) se entendía en Montpellier a pesar de ser más cercano al occitano Gascón que al Provenzal por el sustrato vasco. Al igual que el catalán y el occitano se separaron, el aragonés también lo hizo, más del occitano que del catalán, pues la conexión occitana pasaba forzosamente por Catalunya. Hoy, la diferenciación entre el occitano y el aragonés es amplia, y dudo que el parlante de una lengua entienda el de la otra, pero entre el catalán y el aragonés las diferencias, no son tan insalvables y se pueden comprender mutuamente si no se hablan muy de prisa.

Los limites lingüísticos dan una lectura más real de la sociedad que las políticas, aunque con frecuencia su anchura territorial y extensas zonas de transición lingüística también pueden ser  engañosas. Pero siguen siendo más fiables que las políticas, al fin y al cabo se podría definir una frontera nacional como el lugar donde el vencedor se cansó de perseguir al ejército derrotado. Pocos dudan que a pesar del enorme esfuerzo de algunos nativos por frenar la extinción del aragonés, su desaparición es cuestión de una generación. Ampararse en la barrera pirenaica no frena el siempre galopante avance del castellano, y si busca refugio en el catalán se arriesga a una asimilación por su semejanza en forma y origen. Está sentenciado a muerte, pero aunque lleva agonizando desde la estocada mortal dada con el Decreto de Nueva Planta de 1710, la tozudez maña le ha dado siempre esperanzas de vida contra la voluntad de Felipe V que liquidó el Consejo de Aragón:

Porque con esta disposición se logra el importante fin de la uniformidad que tanto deseo haya entre mis vasallos

En cambio, el futuro del occitano es bien incierto, dos millones lo hablan en un territorio demasiado extenso para ser de uso cotidiano, y demasiado pequeño para que no deje de ser para algunos el patois de una barrio periférico de París, aunque cubra media Francia. Al fin y al cabo, el pensar de Île-de-France no ha cambiado tanto en mil años. Pero Occitania tiene la suerte de que los francos, dondequiera que van, siempre aprietan pero no aplastan.

El futuro del catalán está más garantizado porque más que una forma de hablar es una forma de pensar, en cuyo ADN las palabras sufrir y sobrevivir se escriben en mayúscula desde hace mil años, y las constantes vacunas lo hacen eventualmente más inmune. Hasta tan tarde como el s. XX no  tenía codificación lingüística, teniendo en sus inicios algo tan difícil de hacer cambiar como son las diferentes traducciones de la Biblia al catalán, como principal gramática, diccionario y libro de texto, que junto con su aferro a la supervivencia ha hecho que sea una de las lenguas menos evolucionadas y más cercana al latín.