Hijos/as

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A MI HIJO:

No le pido a mi hijo que siga mis pisadas,
la fe que tengo en él me hace verlo transitar
con decisión una senda que va más allá de mis
limitadas fronteras. Que donde mi pie pisó con
fuerza lo haga él con suavidad, y que dónde yo
vacilé, él camine con fuerza.
No hay mayor gloria ni orgullo que un padre
pueda alcanzar que el de darle al mundo un buen hijo, todo un hombre.

Robert Lord

– Los deberes de hoy cumpliré hoy. Hoy acariciaré a mis hijos mientras son niños aún; mañana se habrán ido, y yo también. Hoy abrazaré a mi mujer y la besaré dulcemente; mañana ya no estará ni yo tampoco; hoy le prestaré ayuda al amigo necesitado, mañana ya no clamará pidiendo ayuda, ni tampoco yo podré oír su clamor. – Og Mandino

– Elogia a tu hijo, y hazlo con frecuencia.

– Hay miles de padres que aman a sus hijos, pero que desafortunadamente no se lo dicen con frecuencia.

– El amor es esencial para el buen desarrollo físico de un niño.

– A veces el amor es más efectivo que la disciplina para llevar a cabo un cambio de actitudes.

– Todo niño necesita sentirse especial.

– Del padre en la vejez, báculo el buen hijo es.

– Cuando enseñas a tu hijo, enseñas al hijo de tu hijo. – Talmud

– Cuando por la noche llegas cansado a tu hogar, después de una larga jornada bregar. No te quejes de que estás fatigado ni busques descargarte en tu pareja o en tus hijos, o en quienes viven a tu lado. Y si justificándote en el cansancio te refugias en la comida, el periódico o la televisión; para por un instante… relájate, respira profundo y con un acto de firme voluntad sal de ti y vete al encuentro de quienes están a tu lado, ofreciéndoles una sonrisa o una palabra de cariño. Verás entonces, que como por arte de magia el cansancio se disipa y deja lugar a una paz que no se puede con palabras explicar.

– No puedes aceptar la creencia popular de que porque has trabajado tan duro todo el día, las últimas horas del día son para ti. Tus hijos no te han visto en todo el día, y necesitan conocerte, sentirse amados y pasar tiempo contigo.

– Dame un hijo, Oh Señor, que sea suficientemente fuerte para saber cuando es débil, y suficientemente valiente para encararse a sí mismo cuando tenga miedo; uno que sea orgulloso e inquebrable en la derrota, pero humilde y gentil en la victoria. Dame un hijo cuyos deseos no tomen el lugar de los actos; un hijo que te conozca y se conozca a sí mismo como base del conocimiento. Guíalo, te pido, no por el camino fácil y confortable, sino por el de desafíos y dificultades. Y haz que aprenda a levantarse en la tempestad y a tener compasión de los que caen.

– Dame un hijo de corazón limpio, con una meta alta. Un hijo que se domine a sí mismo antes de desear dominar a otros; uno que se lance hacia el futuro sin olvidar el pasado.
Y después de adquirir todo esto, también oro para que tenga suficiente sentido del humor para ser serio sin tomarse a sí mismo demasiado seriamente. Dale humildad para que siempre recuerde la sencillez de la auténtica grandeza, la mente abierta de la auténtica sabiduría y la debilidad de la verdadera fortaleza.
Entonces, yo su padre, podré susurrarle: “No he vivido en vano”. – General Mac Arthur

– Hay muchos niños abandonados que aún viven con sus padres.

– “Hijo mío”, le aconsejó un padre a su hijo, “trata a todos con cortesía, aun a los que son groseros contigo. Pues recuerda que debes ser cortés con los demás, no porque ellos sean caballeros, sino porque tú lo eres.
– Para los niños “amor” se deletrea asi: T- I- E- M- P- O.

– ¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, el ser hijo de buen padre! – Joan Lluís Vives

– Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres. – Dicho oriental

– Lo que se aprende en la cuna perdura hasta la tumba.

– Nunca menosprecies las pequeñeces ni a los pequeñitos.

– Los problemas inherentes al mercado serán dejados en el mercado y no pensaré en mi profesión cuando estoy en mi casa, puesto que esto apagará mi amor. – Og Mandino

ABRAZOS

Maravillas puede hacer un abrazo:
te contenta cuando estás cabizbajo,
transmite el amor que alguien siente por ti
o el dolor que le causa verte partir.
Un abrazo exclama: ¡Bienvenido!
¡Qué gusto da verte! ¿Cómo te ha ido?
Un abrazo alivia el dolor de un niño;
tras la amargura, nos hace un guiño.
No cabe duda de que sin abrazos
viviríamos de lo más escasos.
Nos deleitan y alegran el corazón.
Dios hizo los brazos… ¡por esa razón!
Son extraordinarios para los padres;
para los hermanos, muy agradables.
Tal vez halaguen a las tías favoritas
mucho más que sus mimadas plantitas.
Gatitos y perritos los reclaman.
No los desdeñan los hombres de fama.
Traspasan la barrera del lenguaje
y en día gris alegran el paisaje.
La reserva de abrazos no se achica:
cuantos más se dan, más se multiplican.
¡Extiende, pues, los brazos sin demora
y da a alguien un fuerte abrazo ahora!

– ¿Cuál es el mayor de los amores humanos? Aquel en el que uno entrega su vida por la de otro, eso ed lo que hace tan maravilloso el amor de una madre por su hijo ¡Que es totalmente abnegado! La madre se entrega por completo. Sufre por su niño. Se entrega a sí misma. Sacrifica tiempo, fuerzas y sueño. Es un amor que cuesta; supone un sacrificio, da su vida por alguien, por su hijo.

LA PREEMINENCIA DEL AMOR

Si vivo en una casa de belleza impecable y con todo en su sitio,
y no tengo amor, soy un ama de llaves, y no un ama de casa.
Si dedico la vida a encerar, pulir y decorar, y no tengo amor,
mis hijos aprenderían lo que es la limpieza, y no lo que es la devoción.
El amor deja el polvo para ir en pos de la risa de un niño.
El amor sonríe al ver en el cristal de una ventana limpia las huellas de los deditos de sus hijos.
El amor enjuga las lágrimas antes de recoger la leche derramada.
El amor toma en brazos al niño antes de recoger los juguetes dispersos.
El amor se hace presente en los momentos difíciles.
El amor reprende, exhorta y muestra interés.
El amor gatea con el bebé, camina con el pequeñín y corre con el niño.
Después se hace a un lado para dejar que el niño progrese hasta la edad adulta.
El amor es la llave que abre la puerta del corazón
del niño a fin de que este acepte el mensaje de la salvación.
Antes de ser madre, me gloriaba en la perfección en que se hallaba mi casa.
Ahora me glorío al ver la perfección de Dios reflejada en mis hijos.
Por ser madre, tengo mucho que inculcar a mis hijos,
pero el amor está por encima de todo.

– Quien castiga por amor, acaba consolando por amor. – E. Wiesel

– “Escuchad, cielos; prestad oído, tierra: Hijos he criado y educado, pero me han traicionado”. Así comienza el mensaje dolorido, enfebrecido e irritado que un grande y terrible profeta de Israel, Isaias, hombre extraño y exaltado, orador elocuente e irresistible al destino trágico, fue encargado de entregar a su pueblo. – E. Wiesel

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