Perdón

sanar-el-resentimiento-la-raiz-amarga-

– En la edad media, el rey Alfonso de Castilla visitó los calabozos del castillo, y todos los presos le imploraban su clemencia para que los soltara, alegando que habían sido encarcelados injustamente, cada uno contaba sus grandes bondades y cuan inmerecido era su castigo. Hasta que se topó con uno que le dijo que se merecía la cárcel porque había cometido un terrible delito, a lo que el rey llamó al carcelero y le dijo: Suelten inmediatamente a este hombre, no sea que corrompa a todos estos caballeros.

– El rencor es un ácido que daña mucho más la vasija en la que se guarda que el objeto sobre el que se vierte.

– Una persona rencorosa no puede tener la paz que tiene quien ha perdonado.

– Perdonar es poner un prisionero en libertad y descubrir que el prisionero eres tú.

– El perdón no es sólo una condición para ser feliz. El perdón es un modo de vida.

– Según una antigua leyenda judía, cuando Dios iba a crear al hombre, pidió consejo a los ángeles. “¡No le crees!”, dijo el de la justicia, “si lo haces, cometerá maldad, será cruel, duro e injusto”. “¡No le crees!” dijo el ángel de la verdad, “será falso y engañará”. “¡No le crees!”, dijo el se la santidad, “porque seguirá lo impuro”. Se acercó el ángel de la misericordia (el más amado de Dios)“¡Créalo! Cuando peque y se aparte del buen camino, la verdad y la bondad, le tomaré de la mano con ternura y lo conduciré a ti”.

– El perdón es la fragancia que despiden las flores cuando alguien las pisotea.

– Una persona rencorosa jamás tiene la paz que tiene aquella que perdona.

– El perdón es el fruto de pensar con el corazón.

– Tener buena memoria es admirable. Pero la grandeza está en saber olvidar.

– Dios nunca va a dejar de amarte, a pesar del mal que has hecho, haces y harás. Jamás te va a rechazar, siempre puedes arrepentirte. Él siempre piensa en ti, y por muy lejos que estés de él, siempre te recibirá. Si estás lejos de tu creador es porque no has abierto tu corazón para recibir su amor y su perdón. No tienes que seguir sintiéndote condenado por tus errores y pecados; ¡arrepiéntete sinceramente, pídele perdón de corazón a Dios y serás perdonado! ¡Si tan sólo te pones en camino hacia Dios, si te vuelves hacia el que te creó y empiezas a buscar el camino a él, te recibirá en sus brazos de amor!

– Si te has arrepentido, Dios ya te ha perdonado, y ni siquiera recuerda tus pecados ¿para que los recuerdas tú?

– El amor deja morir al pasado. Motiva a empezar de nuevo sin preocuparse por el ayer. No tiene que aclarar ningún malentendido. Los detalles se vuelven intrascendentes, y lo único que importa es empezar de nuevo. Da igual que queden cuentas sin saldar y diferencias por resolver, no cuadren las cuentas o no se lleguen a aclarar los desacuerdos en la memoria de unos y otros. El pasado se pone borroso y solo importa el futuro. El poder del amor no nos convierte en historiadores quisquillosos. Prefiere tejer, con los cabos sueltos del pasado —sean aciertos o errores—, lazos de perdón, e impulsa a comenzar otra vez. – Lewis B. Smedes

– El perdón es la más noble de las venganzas.

– Cuesta menos perdonar que guardar rencor. El perdón nos ahorra el enojo y el odio, evita que nuestro espíritu se desgaste. – Hannah Moore

– No te vengues tú mismo, no devuelvas el golpe. No dejes que las amarguras llenen tu corazón. Nada arruinará tanto tu vida como dejar que las amarguras entren en tu corazón.

– Para perdonar de verdad, debes decir o hacer algo bueno a esa persona. Es decir, el perdón, como todos los principios de Dios, tiene que ser demostrado con acciones. – Blair Reed

– Se nos instruye a que no debemos dejar que se ponga el sol sobre nuestra ira. En pocas palabras, que no la acumules de un día para otro. Intenta obtener la victoria sobre el asunto antes de ir a dormir, haz las paces, arregla el malentendido, o si no consideras que eres culpable, perdona y pasa página. Si nos enojamos con alguien, debemos reconciliarnos antes de que anochezca. Si oscurece, y nuestro enojo continúa, fermentará toda la noche, se agrandará y lo más probable es que al día siguiente estemos aún más enfadados y amargados de lo que estábamos ayer.

– No perdonas a alguien porque es una persona maravillosa, le perdonas porque necesita ser perdonada.

– Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados. – Hebreos 12:15

– El resentimiento puede parecer inofensivo cuando es pequeño; pero si se permite que crezca, pronto sus zarzas de rencor, maldad y odio se agarran al corazón y terminan matando el alma.

– Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.- Pablo de Tarso

– Tienes una gran ventaja sobre esa persona que te calumnia o que deliberadamente te hace daño. Tú estás en posición de perdonar a esa persona.

– El amor NO lleva un archivo de los errores de los demás.

– Estar y sentirse cerca de Dios no es lo mismo, cuando perdonas y amas a tus enemigos quizás no te sientas cerca de Dios, pero lo estás.

– Cuando alguien nos hiere profundamente, no terminamos de recuperarnos hasta que lo perdonamos.

– Aunque Dios nos perdone es difícil para nosotros deshacer y arreglar los daños que hemos causado y padecemos las consecuencias de ello, porque la vida pasa factura. Pero eso no es una señal de que Dios no nos haya perdonado sino que ahora hace falta que nos perdonemos a nosotros mismos.

– Nuestras propias debilidades nos hacen compadecernos de las flaquezas de los demás.

– El que no es capaz de perdonar a los demás, destruye el puente por el que él mismo debe pasar.

– Antes de enfadarte por las fallas de otros, para a contar hasta diez… hasta diez de las tuyas.

– La justicia es eso… justa. Se limita a decidir si algo está bien o mal. Pero la Misericordia, aunque sabe que el culpable obró mal… perdona.

– Procura tener un cementerio donde enterrar los defectos y errores de tus amigos.

– La gloria del cristianismo consiste en la conquista por medio del perdón. – William Blake

– ¡Perdonar a los enemigos es la mejor manera de devolverles el golpe!

– Hay algo curioso en el perdón: enfría los ánimos y lleva calidez al corazón.

– Cuando alguien nos hiere profundamente, no terminamos de recuperarnos hasta que lo perdonamos.

– Si un amigo se equivoca, no se lo eches en cara. Échalo al olvido.

– Agraviar a tu enemigo te hace inferior a él. Vengar un agravio te hace apenas igual a él. Perdonarlo te hace superior a él.

– La sabiduría nos enseña a ignorar las ofensas de que somos objeto, y a actuar como si no las hubiéramos notado.

– Quien es más consciente de sus debilidades humanas, más dispuesto suele estar a perdonar los errores de sus semejantes.

– Al perdonar te ahorras el malgasto de la ira, el alto costo del rencor y el desperdicio de energía.

– El que se acuesta enojado duerme con su adversario. Moraleja: nunca lleves a tus enemigos a dormir contigo.

– Dios no ha prometido perdonarte un solo pecado que no estés dispuesto a abandonar.

– Si buscas al culpable de muchos de tus problemas, mira a un espejo y te aseguró que ahí lo encontrarás.

– La venganza es una victoria mediocre. Matar al avispón que nos ha picado nunca ha acelerado la curación de la picadura.

– Perdona a todos, todos los que se arrepientan, incluyéndote a ti mismo.

– Perdona a tus vecinos [sus] pecados, y luego, cuando ores, serán perdonados tus pecados. – Ben Sira

– Según una antigua tradición, una vez que Martín Lutero estaba en cama con una grave enfermedad, Satanás entró en su cuarto y mirándole con una sonrisa triunfante, desenrolló un grueso pergamino que llevaba bajo el brazo. El ser tenebroso se arrojó un extremo al suelo y el pergamino se desenrolló por si solo. Lutero recorrió con la vista la extensa y temible reseña de sus pecados, uno por uno. Aquel firme corazón se encogió ante tan infernal rollo. Pero Lutero cayó en la cuenta de que el rollo no estaba completo y exclamó: “Se te ha olvidado una cosa. Todo eso es verdad, pero te has olvidado algo: “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”. Y cuando dijo eso, el acusador de los santos se esfumó junto con su rollo.

– Un rey se peleó con su hijo, y en un ataque de rabia el rey expulsó a su hijo del reino. Pasaron los años, y el hijo vagaba solo por el mundo. Con el tiempo, el corazón del rey se ablandó, y envió a sus ministros para encontrar a su hijo y pedirle que volviera. Cuando localizaron al joven, les respondió que no podía regresar al reino, porque se sentía muy herido, y su corazón aún albergaba rencor. Los ministros trajeron la triste noticia al Rey. El rey les pidió que le dijeran a su hijo: “Vuelve hasta donde puedas, y yo iré lo que falte de camino para encontrarte”. Parábola jasídica

– En 1946, Czeslaw Godlewski era parte de una pandilla de muchachos que rondaba las campiñas alemanas asaltando a la gente. Al llegar a cierta granja aislada, les dispararon a diez miembros de la familia de Wilhelm Hamelmann. Nueve de las víctimas murieron, pero el propio Hamelmann sobrevivió a los cuatro balazos que le dieron. Godlewski cumplió su condena a veinte años de prisión por sus crímenes, pero el estado no lo ponía en libertad, pues no tenía donde ir. Al enterarse  Hamelmann de esta situación, solicitó a las autoridades que pusieran a Godlewski bajo su custodia. Escribió en la solicitud: “Cristo murió por mis pecados y me perdonó. ¿No debo acaso perdonar yo a este hombre?”

– Ojo por ojo y el mundo acabará ciego. – Mahatma Gandhi

– Así como no se puede volver a aserrar el aserrín, ni recoger la leche regada, tampoco se puede o se debe recordar las cosas que nos hicieron sufrir.

– Si no tienes suficiente amor como para perdonar es que no amas de verdad  porque el perdón es amor.

– Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica y no pocas cosas más, en cierta ocasión, tras muchos intentos fallidos llegó a hacer por fin una bombilla electrica duradera Era el resultado de días y semanas de arduo trabajo, era la primera bombilla eléctrica de la historia y Edison estaba desbordado de emoción y entusiasmo, hacia años que soñaba con este momento. “Llévala arriba” le dijo a Jimmy Price, su joven ayudante. Pocos instantes después oyó el sonido de algo que se rompía, y Edison vio su invneto esparcido por el suelo en pequeños fragmentos. Al chico se le había resbalado de las manos. Edison no pronuncio palabra, pero es fácil imaginar lo que pasaba por su mente, sin embargo se dirigió a su banco de trabajo y se sentó a hacer una nueva bombilla. Le tomó unos días concluir su segundo artefacto. Entonces Edison hizo algo muy grande; con una sonrisa y guiñando un ojo entregó la nueva bombilla a Jimmy, – ten cuidado esta vez -, le daba una nueva oportunidad. Jimmy no rompió la bombilla y desde entonces hay millones de ellas por todo el mundo.

– Quien no puede perdonar a los demás rompe el puente que él mismo debe cruzar, pues todos tenemos necesidad de perdón, además si alguien nos hiere profundamente no lograremos recuperarnos hasta haberle perdonado.

– Las espinas duelen más si se pisan que si se besan

– La justicia no conoce el perdón ni la misericordia, se limita a determinar si algo está bien o está mal, nada más. Pero el amor y la misericordia aun cuando saben que alguien ha actuado mal perdonan.

– Perdona siempre a tus enemigos: nada los desconcierta tanto.

– Pedir perdón es de hombres inteligentes. Perdonar es de sabios. – Mortisha

– En cierta ocasión, se le presentó una atribulada madre ante Napoleón solicitándole perdón para su hijo. El emperador le respondió secamente, que se trataba de una reincidencia y que la justicia ordenaba su muerte, “pero señor yo no le pido justicia”, dijo la mujer,  “le imploro misericordia”, el emperador replicó: “es que no merece misericordia”. “Ay Señor” clamó la madre, “no sería misericordia si la mereciera pero es misericordia lo que yo le imploro”, “está bien”, dijo el emperador, “tendré misericordia de él”, y al joven se le salvó su vida.

– Victor Hugo, en “Los miserables”, cuenta que Jean había cometido un único crimen, robar un pan para dar de comer a los hambrientos hijos de su hermana. Luego de purgar su delito con nueve crueles años de cautiverio, por fin fue liberado, le resultaba imposible encontrar trabajo pues había sido convicto. Llegó a la vivienda de un bondadoso obispo que le ofreció comida y cama por una noche, pero cediendo a la tentación robó una vajilla de plata del obispo y se escurrió en las sombras. Sin embargo, poco rato después fue atrapado y traído a presencia del obispo, no obstante, el buen obispo dijo a los gendarmes: “pero…si esos cubiertos se los había regalado yo, y además, Jean, olvidaste llevar los candelabros”. Jean quedó completamente conmovido, tanto así que tuvo un cambio de corazón total; y todo el resto de su vida mostró bondad y piedad.

– Agraviar a tu enemigo te hace inferior a él; vengar un agravio te hace apenas igual a él; perdonarlo te hace superior a él.

– Tienes una ventaja enorme sobre la persona que te calumnia o que te hace deliberadamente una injusticia. Tú estás en posición de perdonar a esa persona.

– Si olvidar no puedes y tu mente recuerda los agravios que te han hecho, pero en tu corazón no sientes revivir el amargor de aquel momento es porque ya has perdonado. – Pau Ortega

– El perdón es la venganza más noble.

– El amor no lleva un archivo de faltas y errores de los demás.

– Todos deberíamos tener un cementerio donde enterrar los defectos y errores de nuestros amigos.

– Si tienes algo que perdonar, hazlo pronto. Demorarse en perdonar es poco mejor que no perdonar en absoluto.

– La sabiduría nos enseña  a ignorar las ofensas de que somos objeto, y a actuar como si no las hubiéramos notado.

– Cuando visites un amigo, se considerado, recuerda que un invitado ve más en un hora de lo que in anfitrión ve en un año.

– Quien más consciente está de que puede caer, más dispuesto suele estar a perdonar las ofensas de sus semejantes.

– Con el perdón se ahorra el gasto de  la ira, el alto costo del rencor y el desperdicio de energía.

– Según una leyenda judía, cuando Dios iba a crear al hombre, pidió consejo a los ángeles. “¡No le crees!”, dijo el de la Justicia, “si lo haces, cometerá maldad, será cruel, duro e injusto”. “¡No le crees!” dijo el ángel de la Verdad, “será falso y engañará”. “¡No le crees!” dijo el de la Santidad, “porque seguirá lo impuro”. Se acercó el ángel de la Misericordia (el más amado de Dios) “¡Créalo! Cuando peque y se aparte del buen camino, la vedad y la santidad, le tomaré de la mano con ternura y lo conduciré a ti”.

– No perdono porque soy débil. Perdono porque soy lo suficientemente fuerte para entender que la gente comete errores.

– La palabra perdón vienen del latín, del prefijo per (pasar, cruzar) y del verbo donāre (donar, regalar). Es una condonación o remisión de una falta. El perdón sólo puede ser dado por quien lo extiende.

– El re-sentimiento, como dice el vocablo, es volver a sentir una experiencia. Desafortunadamente no se trata de una grata.

– El resentimiento se introduce en nuestro interior cuando hemos sido, o creemos haber sido, maltratados. Consecuentemente estamos “amargados”. Cualquiera percibirá nuestra amargura, incluso si es ajeno a nuestra vida y problemas.

 Todos hemos tenido experiencias desagradables. Alguna situación o persona nos hizo daño o nos dejó un mal sabor. La reacción hacia esa situación o persona puede marcar la diferencia entre la felicidad y la desdicha. Tú decides: Pasar por alto, o no tener en cuenta lo acaecido. Arreglar el asunto. Perdonar. Resentirte y guardar rencor por ello. Recordar y repasar en tu mente, una y otra vez, lo sucedido, casi con miedo a que se te vaya a olvidar.

– Algún aburrido oyente, o más de uno, escuchará tus pesares una y otra vez. El resentimiento nutre tu raíz de amargura, que al brotar:  ¿Hace que pasen cosas buenas? ¡no! Imposible. ¿Te causa alegría? Tampoco. ¿Te hace amar más? No, menos. Las amarguras quitan tu paz y ponen un muro entre tú y la felicidad.

– El resentimiento es una ira desplazada. Estás enojado sin saber que es fruto del resentimiento. Tus energías y pensamientos están en una actitud de enojo. No hay alegría, creatividad, ni fuerza positiva en tu vida, debido al resentimiento.

– Inicialmente el resentimiento pasa inadvertido, si no la diagnosticas regularmente, sólo la detectas cuando ya está muy avanzada. Lleva a la ruina emocional, depresión, ansiedad, estrés. OJO: Pude ser mortal y llegar a la violencia, suicidio, asesinato… PERO: Siempre tiene cura si se cuida.

– Analízate para ver si tienes resentimientos. Quizás no te des cuenta; y como no sabes que los tienes, es más fácil que sigan creciendo. Escucha a alguien cuando te mencione o insinúe que tienes alguna amargura. Es obvio, todo el mundo se da cuenta menos tú.

– Si sospechas que sufres de amarguras presta atención a alguna indirecta de un amigo, o de un adversario que te lo dice a la cara y de mala manera; no te enojes, analiza si quizás en algo está en lo cierto.

– El resentimiento es un enemigo invisible.

– El resentimiento es el fruto sin cosechar del enojo, y se manifiesta con el pasar del tiempo. Crece como un tumor en nuestra mente y corazón. Vigila que no lo tengas. El que no lo veas no quiere decir que no exista.

– No llegues a conclusiones basándote en sospechas. “Ante todo guardaros de las sospechas, porque éste es el veneno de la amistad”. – Agustín de Hipona

– Hay otro resentimiento que es dirigido a uno mismo. Es la incapacidad para perdonarse a si mismo, aún cuando los demás ya le han perdonado. Todo está perdonado pero en vez de seguir adelante a nuevos horizontes, llevas ese peso, repitiendo la frase: Me lo tengo merecido.

– Culpable de no aceptar ser perdonado, vives deprimido. Es un error ir por la vida creyendo que debes pagar por cada uno de tus errores, creer que te mereces una vida desgraciada. El arrepentirse no hará retroceder el tiempo y deshacer el mal hecho. Pero despojarse de la carga de la condenación es la antesala a la paz interior.

– El resentimiento te perjudica. Al albergar rencor, RE-SIENTES una y otra vez, como si te pasará de nuevo el agravio. RE-VIVES la mala experiencia cientos de veces. Además de ser víctima de lo que se te hizo (en caso de ser así), eres victima de lo que te haces a ti mismo al no perdonar. Será el principio de muchos otros males.

– Si no haces nada por corregir el resentimiento que te amarga, llega un punto en que quieres compartir tu infelicidad con otros. Busca prosélitos, la miseria debe ser compartida.

– El resentimiento es como beberse un veneno esperando que así se muera el otro.

– Haz las paces, arregla el malentendido, o si no consideras que eres culpable, perdona y pasa página.

– Cuando guardas resentimiento, la lista de agravios aumenta con el tiempo a medida que recuerdas cosas anteriores o levantas sospechas y actos nuevos, ciertos o no.

– Cuando perdonas sinceramente dejas de considerar que la persona que te ha ofendido tiene una deuda contigo. Perdonar no es olvidar, es no exigir penalidad por ello. A veces, después de perdonar, olvidamos.

– No tienen que pedirte perdón, ni estar arrepentidos, para perdonar. No significa que estás de acurdo con lo que se hizo.

– El perdonante, que considera haber sufrido una ofensa, decide a petición del ofensor o no, no tener resentimiento hacia el ofensor, y hacer cesar su ira o indignación contra él. Renuncia a reclamar un castigo.

– Acostúmbrate a perdonar

– La persona que no perdona es siempre la que sale perdiendo. Sale más mal parada que la culpable.

– El rencor es un ácido que corroe a su recipiente.

– Destruir archivos rencorosos de “historia” evita la “histeria”.

– Al perdonar nos beneficiamos a nosotros mismos.

– Si no quieres de viejo llegar a ser una persona amargada y gruñona, ve moldeando ya una personalidad afable y agradable. Pon fin a tu mal genio antes de acostarte, o acumularás una carga negativa de día en día.

– Pide perdón. Si eres culpable, pide perdón.

– Cuando dejas de arrepentirte, dejas de crecer como persona.

– Quien se lamenta de verdad, llora sin testigos.

– Cuando perdonas totalmente es mucho más fácil reconciliarse. Lo mejor es esforzarnos por renovar la amistad con la persona que nos hizo daño, pero cuando el ofensor no está arrepentido, la reconciliación es difícil o no aconsejable.

– Si alguien está enojado u ofendido por algo que has hecho o dicho, o te guarda rencor, aunque creas que no es tu responsabilidad arreglar las cosas con alguien a quien consideras no haber ofendido. O sabes que lo está pero consideras que es asunto de él y su conflictiva personalidad, no te laves las manos del asunto. Toma la iniciativa para la reconciliación

– ¿Aún no la has perdonado?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*