Meditaciones

Solidaridad

– Dar a los demás nos hace solidarios; darnos a nosotros mismos nos hace solitarios.

– El corazón humano siempre está en la busqueda para depender de otro corazón que lo ayude y le ame, para poder ser feliz.

– Hace unos años, un hombre caminando por la playa observó que un joven cogía algo de entre la arena y corriendo a la orilla lo lanzaba al mar. Se acercó al chico, y le preguntó qué estaba haciendo. El joven le explicó que la marea había dejado al descubierto las estrellas de mar y se estaban muriendo por el calor del sol. Por eso, él las estaba arrojando al mar. El hombre señaló con el dedo los kilómetros de playa y la hilera de miles de estrellas en ella, le dijo que lo que hacia no tenía sentido. El joven no le contestó, se agachó, cogió otra estrella, corrió a la orilla y la lanzó al mar. Acercándose al hombre le dijo: “Para esa si que tiene sentido”.

– Al aliviar el dolor de los demás te olvidas del tuyo.- No debemos perder la fe en la humanidad, que es como el óceano, no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias – Mahatma Gandhi

– Si repartiera todos mis bienes para dar de comer a los pobres y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de nada me sirve. – Pablo de Tarso

– El sentido de nuestra existencia: llevar amor a la gente y manifestarlo.

– Se puede dar sin amar; pero no amar sin dar.

– Ayudar en los asuntos de los demás, no quiere decir que debamos meter la nariz en ellos.

– Si ayudas a otro a llevar la carga, descubrirás que ambos andarán más rectamente.

– Nuestras vidas siempre estarán colmadas si nuestros corazones dan a manos llenas.

– El amor tiene manos cariñosas para ayudar a los demás, tiene pies para apresurarse a socorrer al pobre y al necesitado, tiene ojos para ver la miseria y la penuria, tiene oídos para oír los gemidos y la tristeza de la gente, esa es la forma fisica del amor.

– Es imposible derrochar bondad. Si no tiene efecto en quien la recibe, por lo menos beneficia a quien la da.

– La solidaridad es la ternura entre los pueblos. – Pablo Neruda

– La talla de tu cuerpo cuenta poco, la de tu cerebro cuenta mucho pero, sobre todo cuenta la de tu corazón.

– Una gota de agua tal vez es algo insignificante, pero la flor sedienta ansia que caiga en ese instante. Una sola palabra tal vez parezca sin importancia pero en algún lugar tal vez alguien la espera con ansia.

– Florence Nightingale, quien al convertirse en enfermera cambió una vida de riquezas y bienestar por una existencia sumida en la pobreza, la guerra y la enfermedad, escribió en su diario: “He cumplido treinta años, la edad en que Cristo comenzó su misión. Basta ya de niñerías y de vanidad. A partir de este momento, Señor, haz que piense sólo en Tu voluntad” . Años después, casi al final de su vida ilustre y heroica, se le preguntó cuál había sido el secreto de su éxito. Respondió: “Creo que sólo puedo dar una explicación, y es que nunca le negué nada a Dios”.

– No basta con decir: “Cuanta necesidad que hay, que mal que me sabe, cuanto lo siento, qué lástima”. No es suficiente… la compasión debe traducirse en obras.

– Las deudas de dinero se pueden devolver; pero las atenciones son deuda de por vida.

– Ese toque humano vale más, el toque de tu mano y la mía, que refugio, abrigo, vino o pan al alma desfallecida. Pues queda atrás el refugio al pasar la  noche y el pan dura sólo un día, mas el toque de la mano y el sonido de la voz al alma brindan eterna alegría. – Spencer Michael Free

– Cuando eres bueno con los demás, eres aún mejor contigo mismo.

– En Rusia, en tiempos del zar Nicolás, este decidió probar la hospitalidad de sus súbditos. Disfrazado de mendigo, llamó a la puerta de varias casas, pidiendo comida y albergue. Muchos se lo negaron con rudeza. Finalmente, al caer la noche, llamó a la puerta de la cabaña de un humilde campesino. El campesino era pobre y su esposa estaba enferma. Le dijo al extraño: “¡Tenemos muy poco, pero lo poco que tenemos, lo compartiremos con usted!” El campesino alojó al “mendigo”, y le dio una cena caliente y nutritiva. A la hora de dormir, lo mejor que le pudo conseguir fue un colchón en el piso. Así, dejó todo listo para ir a descansar. Al despertar por la madrugada, el campesino notó que el mendigo había desaparecido. A los pocos días, mientras el campesino y su esposa convaleciente se encontraban sentados a la entrada de la cabaña, divisaron un grupo de soldados a caballo que se dirigía hacia ellos. Detrás de los soldados venía un hermosísimo carruaje, tirado por cuatro espléndidos caballos. “¡Ay, mujer!”, exclamó el campesino. “¿Qué habré hecho? ¡Los soldados han venido a arrestarme!” ¡Pero inmediatamente sus temores se convirtieron en alegría! Deteniéndose frente a la cabaña, el zar Nicolás descendió del carruaje real y saludó cortésmente al campesino y su esposa. Luego los colmó de valiosas recompensas diciéndoles que el mendigo a quien habían alojado varias noches atrás había sido él.

– Lo que cuenta no es lo que se da, sino el amor con el que se da.

– No obtenemos las recompensas más grandes de la vida por hacer lo que ya sabemos que es nuestro deber, o por realizar un acto con la expectativa de obtener algo a cambio. Es cuando obramos sin que nuestra izquierda sepa lo que hace nuestra derecha que descubrimos las llaves de oro de esta vida. Es decir, cuando realizamos algo movidos expresamente por la compasión, la piedad, el amor y la amistad.

– La bondad sienta bien, tanto a los que la dan como a los que la reciben.

– Si todas nuestras palabras son amables, los ecos que escucharemos también lo serán.

– Nadie se muere por tener el corazón de oro.

– Quien actúa con bondad no debe decirlo; quien recibe bondad debe proclamarlo desde las azoteas.

– Los dos oficios principales del amor son: dar y perdonar.

– Es reconfortante saber que cuando uno ayuda a alguien a subir una montaña, uno mismo también se acerca a la cima.

– Dios se ocupa de la gente por medio de otra gente.- Nuestro amor lo miden según nuestra generosidad.

– No esperes que tu amigo venga a descubrirte su necesidad; ayúdale antes.– Joan Lluís Vives

– La compasión es lo que hace que una persona sienta dolor de las heridas ajenas.

– La bondad tiene más importancia que la sabiduría, y el reconocimiento de este hecho es el comienzo de la sabiduría. – Isaac Rubin

– A pesar de que la bondad es el capital más grande del mundo, no se invierte suficiente.

– La persona que siembra semillas de bondad gozará de una cosecha perpetua.

– Un viejo cuáquero que pasaba por la calle vio de pronto, caer muerto el caballo de un carretero. La pérdida era seria, ya que el carretero se ganaba la vida con aquel caballo. Los transeúntes se mostraron muy apenados. El cuáquero se quitó el sombrero, puso en él un billete y dijo: “Amigos, me apena tanto este pobre hombre que le voy a dar diez dólares. ¿Cuánto les apena a ustedes?”

– El que siente lástima dice: “lo siento”. El que siente compasión susurra: “¿en qué puedo ayudar?”

– La menor buena acción es mejor que la mayor buena intención.

– Un carente busca otro carente, un frágil se apoya en otro frágil; y el resultado es la caída de los dos.

– La bondad es una de las cosas más difíciles de regalar, porque normalmente te la devuelven.

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