LA IRA

APLACANDO LA IRA

La ira es una de las principales causas de desintegración social y familiar, por lo que es importante reconocerla y tomar medidas de prevención y reacción.

La ira es muy contagiosa, una reacción errónea puede llevarte a convertirte en alguien diferente a quien eres. El mayor problema de estar con gente fácilmente enojada o iracunda, es la facilidad con la que uno puede ser igual.

Escoge tus amistades, no ellas a ti. Si tienes la posibilidad de mantenerte lejos o romper la relación, esa puede ser la mejor solución. Pero, hay muchos casos en que por motivos de familia o trabajo, vale la pena, o es necesario, salvar la relación. En tal caso hay dos opciones:

  1. La inicial, y a la que se le debe dar buenas oportunidades, es hacer que la persona iracunda cambie.
  2. La segunda opción, si llegas a la conclusión que esa persona no va a cambiar, aprende a vivir feliz, o al menos gozoso, con y a pesar de ello. Las circunstancias no son el factor principal en la ecuación de la felicidad, sino que mucho tiene que ver con tu apreciación y reacción a ellas. A veces, la vida es así, no tienes ninguna opción real aparte de aprender a vivir con el problema y sacar el mejor partido de la situación.

Las persones irritables justifican su actitud como una reacción a un mundo injusto. A menudo se sienten ofendidas por lo que perciben como una falta de sensibilidad general a sus “necesidades”. Como resultado, es probable que se sientan atacadas por cualquier intento de señalar lo poco justas que son las causas de su irritabilidad, y mucho menos los efectos de su comportamiento sobre los demás. Por eso, trata de buscar puntos de acuerdo con ella, pero sin dar aprobación a la ira. El motivo puede ser cierto, no le quites la importancia que esa persona le da, lo que no es correcto es la reacción. Utiliza tu lenguaje corporal para transmitir que estás de acuerdo con sus razonamientos. Asiente con la cabeza y, en ocasiones, deja escapar un suspiro lento que indique que lo has entendido, no hacerlo le hará gritar más. Cuanto antes lo hagas, más altas son las probabilidades de aplacar su rabia, pero no añadas fuego a la candela, ni le digas que su ira, en especial si es acompañada de amenazas o violencia, es correcta. Cuando se calme sabrá que no estaba bien, e incluso se sentirá mal por ello.

No le lleves la contraria, la irritará más, y te llevará a una discusión, en la que los únicos que escuchan son los vecinos. Como el fácilmente enojado atribuye a los demás la maldad, incompetencia o inadecuación, hace extremadamente difícil arreglar la situación hasta que se calme. Si respondes bien, podrás establecer una relación positiva y te será menos estresante y agotador el asunto. Controla tus emociones, manteniéndote relajado a pesar de lo que diga. Si ves que vas a acabar enfadándote, mira de educadamente salirte del lugar para tomar una pausa y enfriarte.
La ira es un violento sentimiento de indignación que a veces no tiene nada que ver contigo, el supuesto causante de ella no está presente, pero su necesidad de excitarse y enfurecerse puede hacértelo tomar personalmente. No lo hagas algo personal, y cuando la persona, de su boca, reafirme que no es personal contigo, ella misma se calmará pues no tiene sentido enfadarse contigo. Deja que se desahogue, y cuando sea tu turno para hablar hazlo muy calmadamente para que se contagie el ambiente.

Todos somos propensos a devaluar a quienes nos provocan al enojo. Por egoísmo y orgullo, impulsado por los altos estándares de lo que deben conseguir y lo que los demás deben hacer por él, con frecuencia se siente decepcionado y ofendido, lo que, a su vez, provoca más derechos. Parece justo, desde su perspectiva, que sus frustraciones constantes sean compensadas. Al fin y al cabo “tengo que vivir con todo esto que me hacen”. Le echa la culpa de sus incómodos estados emocionales a los demás, con lo que se exime a sí mismo de cambiar.

Su alterada reacción inyecta adrenalina que le satisface con un chorro de energía y confianza en sí mismo que sube su confianza y le da una sensación de poder que le sienta mucho mejor que la impotencia o la vulnerabilidad ante las ofensas. Se cree más importante que los que han estimulado su ira. En esos momentos tiene una 

falsa sensación de confianza, o de arrogancia. Esa necesidad se convierte en adictiva o rutinaria. La causa es lo de menos, lo importante es el estímulo, se convierte en un vicio que se hace de forma automática, consciente o inconscientemente.

Provoca un aumento de vigor momentáneo, pero tiene su bajada; además de los agregados efectos depresivos de haber hecho algo malo mientras estaba enojado, y de los que más tarde se avergüence, o por el daño causado a la gente que ama. Lo cierto es que sus insultos y gritos no convierten al otro en una persona más amorosa y sensible a sus necesidades emocionales, con lo que fácilmente se convierte en un círculo vicioso, en el que quedan atrapadas las personas que más la aman. Las otras abandonan la relación.

El iracundo siempre paga un alto precio, es víctima de su falta de dominio propio. La ira no siempre conlleva actos violentos, pero los ataques verbales pueden producir heridas profundas en las personas que más ama, y acabar perdiendo su amor y afecto.

Detectar el origen de una personalidad iracunda ayuda a ser comprensivo con la persona, pero no justifica. A veces es un vicio arraigado en la familia y viene de vivir con ello en la niñez, o puede originarse en alguna mala amistad o entorno, pero en el fondo no se puede culpar a otros o a las circunstancias, solo analizarlas. También puede ser parte de la idiosincrasia de un pueblo, pero no todos sus miembros participan de ello.

La ira por celos es la materia prima de muchos crímenes, no sólo en las novelas sino en muchos reportes policiales. La ira engendra violencia y esta puede incluso acabar con la vida de alguien en un corto momento de descontrol.

Si le amas le ayudarás a cambiar y dejar el hábito de airarse fácilmente. Pero no creyéndote mejor. ¿Cuántas veces no te has encontrado sin fuerzas para combatir un mal hábito a pesar de muchos intentos? Todos tenemos debilidades que fácilmente se pueden convertir en vicios si no vamos con cuidado. Los hábitos, como indica la palabra, son costumbres que habitan en uno, están dentro de ti y pasan a formar parte de tu personalidad.

La iniciativa de un cambio real, debe venir de su convicción profunda de aprender a ser compasivos con los demás. Debe estar convencido de que él y su familia se merecen una vida mejor y estar decidido a lograrlo. No ver a otros como enemigos o adversarios que intencionalmente le provocan. En su corazón no le gusta la forma en que reacciona, sabe que hace daño a su familia y se siente mal y atrapado por ello. Si sigue así, van a empezar a odiarse entre ellos y tomar bandos. Sabe que tiene que ser más comprensivo, compasivo y valorar a los demás, por el bien de todos. Por eso, pídele que empiece a ser más respetuoso, y acepte a las personas como son, sin irritarse ni asumir automáticamente la mala voluntad en los actos de otros.

El hombre prudente reprime el mal genio porque sabe que le puede llevar a cometer grandes errores y causar mucho daño. La ira debe reemplazarse con dominio de los sentimientos, aplacarla con virtudes, amor, paciencia, mansedumbre y una actitud de respeto. Con el perdón se ahorra el desgaste de  la ira, el alto costo del rencor y el desperdicio de energía que conlleva. Muchos de los encantos de la vida se esfuman cuando aparece la ira, pero también surgen cuando esta se va.

Los malos hábitos no pueden tirarse por la ventana, hay que persuadirlos para que vayan escaleras abajo, escalón a escalón. Tampoco es suficiente luchar contra ellos, hay que reemplazarlos con otros de buenos. Cultiva pacientemente el hacer algo bueno de forma rutinaria hasta que arraigue, primero hay que formar el hábito, luego él te formará a ti.

Hazte de buenas costumbres, son tan difíciles de perder como las malas. “Las males costumbres se vencen con buenas costumbres”. Thomas Kempis.

Sal de tu vida y ayuda a otro que tenga un vicio arraigado. El que más aprende es el maestro, ayudar le motiva a mantener su terreno ganado. Cuando se cree superada, la ira pasiva puede ser como un volcán inactivo, lo bueno es que no explota y no hace daño, lo malo es que sigue ahí, y durante años existirá la posibilidad de que explote. Lo mejor es conocer los síntomas de una posible explosión y encontrar estrategias para sacar la presión interna. Pospón el estallido, como más lo hagas más probabilidades hay de que no vuelva a salir. El lema es resistir al impulso, y el momento para empezar es ahora, es más fácil vencer una mala costumbre hoy que mañana.