CALLE, MIESERIA Y ABANDONO

Abandono

     La pobreza y la miseria están con frecuencia en la raíz del abandono

 

    El abandono de menores es mucho más frecuente en países en los que no hay apenas asistencia social y sanitaria. La existencia de instituciones, buenas o malas, también tiende a hacer disminuir el número de niños abandonados. Los hogares de paso, donde dejar niños durante ciertas temporadas, evitan también el abandono durante tiempos de crisis familiares, económicas o de convivencia. Las instituciones que cuidan de adolescente embarazadas y velan por su bienestar social y emocional, durante y después del embarazo son un freno al abandono de recién nacidos.

     El niño abandonado, que no es lo mismo que huérfano o escapado de casa, sufre la pérdida de uno o ambos padres. Los padres que dejan a sus hijos, con o sin razón, muy frecuentemente causan, por lo menos, daño psicológico en el niño,  (se le niega afecto y amor durante la crianza) que es reversible si se trata bien. Pero, a menudo, también hay daños físicos como la desnutrición, el hambre y el abuso que pueden dejar huellas imborrables.

     El niño abandonado, incluido el que vive con sus padres, pero que a sus ojos es invisible, está sediento por atención; es un ser emocionalmente hambriento que desea ser amado y que su vacío interior sea llenado. Todo niño necesita tener un sentido de pertenencia, alguien a quien llamar familia y compartir sus vivencias en el mundo exterior, normalmente colegio. Pero, ¿cuán grande es el vacío del niño que nunca tiene alguien físico, que le preste atención o no, con quien sentirse en casa? Los niños necesitan seguridad, saber que pertenecen a una identidad, incluso si es mala, lo cual aprovechan sin remordimiento alguno los abusadores sexuales. Las niñas en estado de abandono, al llegar a la pubertad, acostumbradas a no ser apreciadas, extrañadas, ni atendidas por nadie durante su infancia, e ignoradas por sus padres, si los tienen, son presa fácil del primer adulador que se fija en  ellas; pasa de no ser vista por nadie a ser el foco de atención de muchos ojos. Carnada fácil y el inicio de un nuevo ciclo de abandono de niños no deseados. En el caso de los chicos, sus padres, si los tienen, le son gente desconocida, que no entienden ni se identifican con ellos, prefiriendo los amigos de la calle, que no dejan de ser chicos como ellos. Porque los padres nunca estuvieron allí cuando los necesitaron de pequeños.  

     Muchos menores son empujados a hacer vida callejera, debido a las situaciones precarias de su familia o ausencia de ella, o son huérfanos, abandonados o huidos del maltrato intrafamiliar. Se conocen en Colombia como gamines, o universalmente como niños de la calle, aunque trabajan en ella (vendiendo, robando, mendigando, prostituyéndose, cuidando coches, etc.) no necesariamente duermen en la calle; muchos tienen un hogar base al que eventualmente vuelven de noche o con cierta regularidad, cada vez menos frecuente una vez pasan de los 14 años.

     Las secuelas de las heridas emocionales son menos visibles, pero son golpes profundos en sus jóvenes corazones y mentes, aún en formación, y el dolor, muy real aún, todavía lo pueden sentir muchos años después. Necesitan ser comprendidos y aceptados para que puedan sanarse. Hasta que eso ocurra, el dolor se quedará dentro de ellos, convirtiéndose en una fuerza determinante en su vida adulta. Necesitan una mano extendida.